25
Jun
2020
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La Obra de Dios comienza en nuestro interior cuando tengamos el coraje de deshacernos del pecado y de todo lo que desagrade a Dios. Es verdad que Dios quiere ser glorificado en este mundo, pero ¿cómo podemos glorificarlo si el pecado prevalece en nuestras vidas? ¡Es imposible! Tenemos que ser de esos que están indignados contra los hábitos negativos, los placeres de este mundo, las tradiciones, la religiosidad, nuestra propia voluntad, etc. Esto es lo que significa “¡no aceptar lo inaceptable!”. Incluso nuestro Señor Jesús preguntó: “¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”(Mateo 16:26).

¡Nuestra vida depende de nosotros, no de Dios! Dios quiere que cambiemos nuestra historia, y seguro que lo va a hacer. Después de todo, ¿hay algo demasiado difícil para Él? Solo que primero tenemos que obedecerle y destruir todos los altares de Baal en nuestra vida, tenemos que eliminar cualquier cosa y a cualquiera que ocupe Su lugar y nos aleje de Él. Dios busca a aquellos que están dispuestos a escuchar Su voz, independientemente de las circunstancias.

Esto es lo que Él vio en Gedeón. Gedeón tenía un problema que no podía resolver con su propia fuerza. Quería que la obra de Dios se hiciera realidad en su vida, pero también tenía que despojarse del pecado primero, porque Dios no puede hacer Su obra donde existe el pecado. Y él obedeció su voz al eliminar todos los ídolos y sacrificar lo que Dios le pidió. El segundo toro fue la elección de Dios, Gedeón tuvo que entregar su vida en las manos de Dios. En cada fase de la batalla, Gedeón demostró su confianza y es por eso que los 300 retaron las probabilidades y derrotaron a los Madianitas. Parte de nuestro sacrificio es confiar en Dios también, confiar que, cuando enterramos nuestro pasado sobre el Altar y presentamos lo que Él nos pidió, hará que seamos grandes testimonios que salvarán almas en este mundo. Cuando confiamos en Dios, ya no estamos solos. Gedeón no estaba solo definitivamente. Tuvo el coraje de exigir el cumplimiento de la Palabra de Dios en su vida, pero Dios también exigió obediencia por parte de Gedeón y confianza total en Su Palabra. En otras palabras, muéstrame tu fe y te mostraré Mi gloria.

Recuerda que, las bendiciones de Dios son condicionales. Sus ojos siempre buscan a hombres y mujeres de Dios que estén dispuestos a hacer una diferencia para Su gloria. Está en busca de los 300 de hoy. Sin embargo, solo aquellos que están dispuestos a dejarse guiar por Él verán Su poder en sus vidas y, como resultado, obtendrán la mayor bendición de todas: ¡LA SALVACIÓN!

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