24
Mar
2021
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Llega un momento en la vida en el que debemos tomar una decisión. La decisión que tomemos tendrá un impacto en el destino de nuestras almas tal como sucedió en la Última Cena cuando Jesús sirvió a los discípulos. En esa ocasión en particular, Judas estaba entre ellos pero él no era uno de ellos. Tuvo la oportunidad de cambiar; escuchó los mismos mensajes que los discípulos e incluso tuvo el privilegio de sentarse junto a Jesús en la Última Cena. Ocupó el asiento de honor (ver Mateo 26: 17-29).

Pero, ¿por qué no se arrepintió? Fue su elección personal. Jesús realmente quería que él cambiara. Había una oportunidad para él; no estaba predestinado a ir al infierno … La Última Cena era su última oportunidad. El pan y la copa que recibieron todos los discípulos fue una bendición para algunos, pero para Judas representó condenación. Cuando tomó el pan y el vino, se reveló su verdadera naturaleza (ver Juan 13:27). Judas tomó la decisión de no seguir a Jesús hasta el final … Fue su decisión traer condenación a su vida.

Hoy en día ocurre lo mismo. Somos nosotros los que decidimos si estaremos o no distantes de Dios y si viviremos una vida que le agrada o no. Incluso la forma en que tratamos la Santa Cena es una señal de nuestra verdadera condición espiritual ante Dios. La Santa Cena bendijo a la mayoría de los discípulos porque la valoraban. Lo vieron con ojos espirituales y estuvieron dispuestos a sacrificar sus vidas. Judas no estaba dispuesto a sacrificarse, de ahí la razón por la que trató la Santa Cena con desprecio. Piénselo … Estaba viviendo en pecado cuando participó y por eso trajo consecuencias desastrosas en su vida.

Si no tenemos cuidado nos puede pasar lo mismo. La Biblia nos enseña que cuando participamos de la Santa Cena, debemos examinarnos a nosotros mismos (ver 1 Corintios 11:28) y abandonar nuestros pecados; sin embargo, muchos optan por ignorar esta enseñanza. La verdad es que esta es la razón por la que muchas vidas no están cambiando y muchos están sufriendo incluso dentro de la iglesia; están tomando parte de la Santa Cena en pecado y todo se reduce a esto: ¡FALTA DE DECISIÓN!

El 4 de abril participaremos de la Santa Cena de la Decisión en la Iglesia Universal de Finsbury Park. Esta es una oportunidad para que cada uno de nosotros se reconcilie con Dios. Esta vez, no haremos confesiones vacías; en cambio, haremos un VOTO SAGRADO de abandonar todo tipo de pecado y seguir a Dios hasta el final. No podemos ser cristianos indecisos que tienen un pie en la iglesia y otro pie en el mundo. Debemos tomar la decisión de estar con Dios sin importar las circunstancias y no seguir los pasos de Judas.

Dios nos está trayendo este mensaje a todos porque el reloj no se detiene. Estamos cerca del final y Él no quiere que nos quedemos atrás cuando tenga lugar el rapto. Al contrario, Él quiere que nuestros nombres estén escritos en el Libro de la Vida, pero la elección es nuestra. Pregúntese: “¿Estoy dispuesto a sacrificarme por Jesús de la forma en que Él se sacrificó por mí?” Eso es lo que significa participar de la Santa Cena. En este día, aquellos que participen de la Santa Cena con este entendimiento nunca volverán a ser los mismos.

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed” (Juan 6:35).

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