9
Jun
2020
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Aprende a protegerte de las estrategias engañosas del diablo

En la guerra espiritual siempre debemos tener un plan de batalla, para vencer las estrategias del enemigo. Tenemos que anticiparnos conociendo nuestros puntos débiles, para que no seamos susceptibles al gran objetivo del enemigo de hacernos caer y rendirnos en el campo de batalla.

El diablo es implacable. Ataca nuestra carne, que es su aliada, con las cosas que “necesitamos”, tal como trató de hacer con nuestro Señor Jesús mientras estuvo aquí en la tierra en forma humana. Si él puede hacer eso con Jesús, ¡imagínate! El diablo sabe que tenemos aspiraciones, ambiciones, sueños, etc. Pero usa estos deseos contra nosotros; Él quiere que coloquemos nuestro corazón en las posesiones y en la gloria del mundo. Incluso hay quienes venden sus almas a cambio del éxito y se sienten atraídos por la belleza de las cosas que ofrece el diablo. Desafortunadamente, muchos han estado cayendo en esta trampa. ¿Cuántos han dejado la presencia de Dios debido a una bendición? ¿Cuántos le han dado la espalda a Jesús por las “luces brillantes” de este mundo?

Jesús siempre nos advierte a desconfiar del resplandor de este mundo porque el diablo hace que muchos conquisten las cosas injustamente. Y lamentablemente, terminan pagando un alto precio: ¡su alma! Por eso debemos estar atentos, especialmente con nuestros ojos espirituales. Cuando nos centramos en las posesiones terrenales, ten por seguro que el diablo las usará contra nosotros. El diablo incluso les da a las personas “bendiciones”, que resultan ser maldiciones disfrazadas. Con una mano el diablo da, y con otra mano quita, ¡ten cuidado! No podemos comprometer nuestra salvación por las cosas del mundo; ¡tarde o temprano estas cosas perecerán!

No olvides que las bendiciones de Dios nunca nos separarán de Él. Por lo tanto, debemos esforzarnos por protegernos de las estrategias engañosas del diablo, centrándonos únicamente en hacer la voluntad de Dios y vigilar, de lo contrario perderemos el privilegio de entrar en el reino de los cielos.

Obispo Alvaro Lima

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