27
Feb
2020
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Perdónanos como nosotros perdonamos….

Jesús solo nos enseñó a orar una vez. Muchas personas tienen mucho éxito al recitar esa oración, pero no cumplen con sus mensajes, especialmente la parte de “perdónanos como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Desafortunadamente, hay personas que viven toda su vida sin poder perdonar a quienes alguna vez les hicieron daño. Se las arreglan para construir carreras y familias exitosas, pero no pueden liberarse del resentimiento o el rencor.

Muchos cristianos no pueden entender por qué Dios no los bendice, o por qué aún no han sido bautizados con el Espíritu Santo. No se dan cuenta de que sus corazones están manchados de resentimiento. El Espíritu Santo nunca morará en el mismo recipiente que contiene pensamientos viles u odio hacia los demás.

El rencor no solo es perjudicial para nuestra vida espirituale, sino que la ciencia médica también ha demostrado los efectos que puede tener en el cuerpo humano. Puede afectar al corazón y al cerebro, hasta llegar a acortar nuestras vidas unos pocos años. Es por eso que el acto del perdón es una necesidad, ya sea que te preocupe tu salud física o tu condición espiritual.

El problema es que la mayoría de las personas no pueden perdonar porque no entienden lo que realmente implica. El perdón no se trata de tolerar o apoyar las acciones del malhechor. Se trata de demostrar que, aunque sufriste una mala experiencia, la has dejado atrás y te niegas a permitir que te afecte más. Esto te libera porque entierra los sentimientos del pasado, no borrarás lo que sucedió, pero se abre un nuevo capítulo en tu vida.

Para lograr esto, debemos entender que el perdón no es un sentimiento, es una decisión. Si tratas de esperar hasta que tengas ganas de perdonar, nunca sucederá. Nadie tiene ganas de perdonar. Pero podemos cansarnos de sentir la pesadez que conlleva un rencor y tomar la decisión de dejarlo.

Nuestra mente es más poderosas de lo que podemos imaginar. Nuestra mente puede reemplazar lo que sienten nuestros corazones cuando la usamos racionalmente y por las razones correctas. Cuando decidimos dejar nuestro pasado, miramos hacia un futuro con Dios. Todo lo que necesitamos tener es fe.

Comienza por orar por tus malhechores y deséales lo mejor. Ese es el primer paso hacia una conciencia limpia, un corazón más ligero y una vida espiritual saludable. Mientras tu corazón esté contaminado con rencor, Dios no derramará el Espíritu Santo sobre ti.

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