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Jul
2020
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Así como Dios es un tripartito, o sea, Padre, Hijo y Espíritu Santo, el hombre también está formado de tres partes: Cuerpo, alma y espíritu. El apóstol Pablo escribe: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” 1 Tesalonicenses5:23

Nuestras vidas dependen de la manera que lidiamos con estas tres entidades. El cuerpo es la parte física y es con nuestro cuerpo que desempeñamos diferentes funciones. Cuando fallecemos, nuestros cuerpos se vuelven polvo, así como se menciona en Génesis 3:19. Nuestro espíritu, por otro lado, es el aliento de vida que nos sostiene. Nos conectamos a Dios a través de nuestro espíritu; la fe y la mente también se conectan al espíritu. No importa como vivamos nuestra vida, cuando fallecemos nuestro espíritu regresa a Dios (Ver Eclesiastés 12:7)

Ten en cuenta que nuestro espíritu y nuestra alma son dos entidades diferentes. Nuestra alma es lo que nos da la personalidad y es a través de nuestra alma que pasamos nuestra vida relacionándonos con Dios, con otras personas y con nosotros mismos. Una pregunta que muchas personas se hacen es esta: ¿Qué sucede cuando nuestra alma se despega de nuestro cuerpo? Solo hay dos destinos en donde puede acabar nuestra alma, en el cielo o en el infierno, tal y como se ilustra en la historia del hombre rico y Lázaro en Lucas 16:19-31.

Nuestro Señor Jesús utilizó este ejemplo de la vida real para enseñarnos sobre el valor de nuestra alma. El hombre rico fue al infierno, no por su dinero pero porque no obedeció a Dios. Él conocía la verdad pero no la practicaba. Por otro lado, Lázaro fue llevado al seno de Abraham: ¡al cielo!. Ambos hombres tuvieron opciones y lo mismo sucede con nosotros hoy en día. El destino de nuestra alma se decide según lo que hacemos mientras estamos vivos; en palabras simples, depende de las decisiones que tomemos diariamente. ¿Cuántas personas conocen la verdad pero eligen ignorarla? Si queremos ser verdaderamente salvos, tenemos que decidir vivir una vida de obediencia. Esto significa, arrepentirnos y entregar nuestra vida entera a Jesús, quien ya ha pagado el precio por nuestros pecados. Jesús vino a salvar nuestra alma y si no abandonamos todo lo que nos separa de Él así como mentir, engañar, malos ojos, promiscuidad, pensamientos negativos, rencores, malas compañías y demás, pagaremos un precio muy alto, el precio de pasar toda la eternidad en el infierno.

Es por eso que no podemos dejarnos engañar por nuestros deseos carnales y el brillo del mundo. En realidad, todo en este mundo desvanecerá y esta es una realidad que debemos tener muy en cuenta. Y no importa si hacemos muchas buenas obras o actos de caridad, sino derramamos nuestra sangre, no hay remisión de los pecados.

Es crucial que nos examinemos diariamente y que consideremos nuestros caminos. De hecho, debemos resistir para derramar sangre, luchar contra el pecado como Pablo nos enseña en Hebreos 12:4. Jamás podemos asumir que estamos bien, debemos asegurarnos que lo estamos y que nuestra vida sea conforme a la Palabra de Dios. Incluso si tenemos que desagradar a las personas que nos alejan de Dios tales como amistades, familiares, colegas y demás, por nuestra alma que así sea. Piénsalo… ¿hay algo peor que el dolor de separarse de Dios para siempre? Podemos perder todo en este mundo, pero no nuestra salvación.

Por último, Dios quiere que estemos con Él para siempre y Él está preparando cosas maravillosas para aquellos que permanecen firmes hasta el final. “Antes bien, como está escrito:Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.” (1 Corintios 2:9). Para que nosotros consigamos la mayor bendición de todas y tengamos el privilegio de estar con nuestro Padre, debemos sacrificar diariamente y pensar en nuestra salvación TODOS LOS DÍAS, porque al final de todo, solo hay dos destinos posibles para cada uno de nosotros como lo hemos mencionado antes: el Cielo o el Infierno. ¿A dónde vas a ir? ¡Solo tú puedes decidir eso!

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