19
Sep
2020
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Todos nos vamos a enfrentar a dificultades y problemas, aguijones en la carne, como le pasó a Pablo. (Ver 2 Corintios 12:27)

Sin embargo, estos problemas no son para destruirte. Todo lo contrario, Dios permite que nos enfrentemos a ciertos problemas para que no seamos víctimas de nosotros mismos. El Apóstol Pablo fue usado de gran manera por Dios, pero para que Dios no lo perdiera debido al orgullo, Él permitió que tuviera un aguijón en su carne como un elemento fijo en su vida. A pesar de esto, Pablo nunca se rebeló contra Dios, sino que dependía de Él y siempre estaba a los pies de Jesús.

En la vida, vamos a pasar por situaciones inesperadas incluso mientras servimos a Dios, las cuales no entenderemos… Pero ¿cuál es la tendencia? Muchos maldicen a Dios y lo abandonan; pierden la oportunidad de experimentar algo grande y, en consecuencia, pierda la comunión con Dios. Es por eso que aunque no entendamos por qué pasamos por lo que pasamos, no podemos dejar de lado nuestra fe, porque en el momento que lo hagamos, el diablo vendrá con sugerencias que están diseñadas para hacernos caer.

Dios también permite el aguijón en la carne cuando ve que Sus siervos se alejan de la fe. ¿Cómo sucede esto? Cuando no pasamos tiempo con Él, dejamos de meditar en Su palabra, comenzamos a dejar que la polución de este mundo nos contamine y “las pequeñas zorras” tales como “las pequeñas mentiras”, malos ojos, malicia y promiscuidad para meterse en nuestra vida. Si no hacemos algo al respecto, Él se entrometerá para despertarnos. Su objetivo es salvarnos para que no nos desviemos. Por eso tenemos que mantener en mente lo que enseña Pablo: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28)

Dios no nos da ciertas bendiciones si ve que no estamos preparados porque no quiere que intercambiemos al que Bendice por las bendiciones. “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído el Señor tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.” (Deuteronomio 8:2) Dificultades y desiertos rebelan lo que hay en nuestro interior. No nos cambian para peor, sino que rebelan nuestra propia naturaleza. ¿Cómo es que muchas personas hacen lo contrario de lo que dicen creer mientras están en el desierto? Solo sabrás lo fuerte que eres cuando pases por un momento de prueba.

¿Cómo espera Dios que reacciones en medio de los problemas? Él quiere que reaccionemos como lo hizo Job. ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete.Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.(Job 2:9-10) Dios no quiere que seamos pasivos en nuestra fe, Él quiere que tengamos fe para mover montañas, pero sobre todo, la fe que persevera y, que nos aferremos a nuestra integridad. En momento de adversidades, debemos aprender a silenciar la voz de nuestro corazón, así como hizo Job.

¿Cómo has reaccionado ante las adversidades? Sadrac, Mesac y Abed-nego no se inclinaron ante el dios extranjero, se aferraron a su fe y fueron echados al fuego, eran verdaderos adoradores. En el medio del fuego, Dios se manifestó y todos sabían quien era el Dios que servían. (Ver Daniel 3:16-28) Recuerda, Dios siempre permite ciertas cosas para ganar cosas más grandes.

Es fácil decir que amamos a Dios, cuando todo va bien, pero ¿y en los momentos difíciles? La esposa de Job desistió pero él no. No podemos desistir como otros lo hicieron no importa la lucha que estemos enfrentando. Debemos tener en cuenta nuestros caminos diariamente y aferrarnos al Dios de nuestra salvación.

“Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en el Señor, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.”(Habacuc 3:17-18)

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