28
Oct
2020
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Uno de los mayores problemas que tiene mucha gente es la falta de orden en sus vidas y las prioridades que están fuera de lugar. A menudo nos olvidamos que nuestra vida depende de nuestras prioridades. Quizá usted se pregunte… “Pero ¿cuál es el orden apropiado de las prioridades? ¿Cómo deberíamos manejar nuestra vida y nuestras relaciones?

“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Mateo 22:37,39)

Nuestro Señor Jesús nos da un claro ejemplo en este versículo, que Él tiene que ser primero en nuestra vida y es un deber hacer Su voluntad sobre todas las cosas. Él tiene que ser el amor de nuestra vida. Sin embargo, lo que está sucediendo hoy es que mucha gente pone a su cónyuge y familiares antes que a Dios. En el orden establecido por la mayoría de las relaciones no se encuentra a Dios y es por eso que muchos están cosechando consecuencias desastrosas.

Cuando ponemos a Dios en primer lugar en nuestra vida, puede que hasta perdamos cosas en diferentes áreas; cosas que estimamos mucho, tales como un trabajo o un bien material pero siempre tendremos paz porque tenemos la seguridad de que Él estará ahí para nosotros independientemente de las circunstancias.

Después de Dios, debemos esforzarnos por ponernos a nosotros mismos en segundo lugar. ¿Por qué? Porque tenemos que priorizar nuestra relación con Él y asegurarnos de que estamos salvos antes de salvar a otros. Piénsalo bien… ¿Cómo podemos fortalecer a los demás si somos débiles? ¡Es imposible! Por este motivo, debemos atender nuestras propias necesidades antes de atender las necesidades de los demás. Una vez que entendemos y ponemos en práctica los dos primeros pasos, después podremos enfocarnos en nuestros prójimos tales como nuestro cónyuge. También debemos recordar que en nuestra relación con los demás debe haber un límite. Por ejemplo, es muy importante para una esposa someterse a su marido; sin embargo, una esposa no puede someterse a su marido si la conducta de este no refleja los principios de Dios. Ella se someterá siempre y cuando no tenga que contrariar a Dios.

Aunque este sea una concepto difícil de entender para la mayoría de las personas, la verdad es que nuestra vida, especialmente nuestras relaciones, comenzarán a florecer y producir frutos cuando seguimos la guía dada por Jesús y Lo ponemos en el lugar que le corresponde.

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