31
Oct
2020
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Como seres humanos, solemos hacer de todo para invertir en nuestra vida aquí en la tierra, pero muchos se olvidan de invertir en su alma, se olvidan que la lucha por nuestra salvación es una guerra diaria. De hecho, lo que mucha gente no reconoce es que hay una guerra invisible que tiene lugar en este mundo; una batalla de la que nadie habla entre la luz y las tinieblas por nuestra alma. Esta guerra tiene un costo enorme que determinará dónde pasaremos la eternidad cada uno de nosotros.

Como vemos en el mundo de hoy, todo tiene un precio. Lo que vestimos, utilizamos o compramos tiene un valor. Sin embargo, no hay nada más precioso o valioso que un alma. ¡Es eterna y no tiene precio! Por esta razón, no nos podemos dejar engañar por lo que ven nuestros ojos físicos, porque el mundo y sus riquezas se están desvaneciendo.

“Los que confían en sus bienes, Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás.)(Salmos 49:6-8)

Vivimos en un mundo obsesionado por las apariencias. Pero la verdad es que ninguna cantidad de dinero puede prolongar una vida o redimir un alma de la condena. Quizá siempre supiste el precio de los bienes como los teléfonos, casas, vehículos, etc… pero ¿sabes el precio de tu alma? Imagínate las posesiones más caras de este mundo y súmalas… el valor total de esos bienes materiales de este mundo no se compara con el de un alma.

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:26)

Cuando las personas desprecian su alma, es porque no conocen o no entienden su valor. Esta inversión impacta la vida eterna mientras que las inversiones de este mundo son temporales y en vano. Si conquistamos el mundo entero con todas sus posesiones y acabamos perdiendo nuestra alma, no hemos conquistado nada.

Desafortunadamente, mucha gente solo valora lo que tienen cuando lo pierden. ¿Cuántas personas valoran a sus padres cuando los pierden? ¿O su salud cuando se enferman? Y ¿cuántas personas solo valoran su alma cuando ya están en el infierno?

Esto es exactamente lo que sucedió en la historia del hombre rico y Lázaro. El hombre rico solo valoró su alma cuando ya era demasiado tarde. Mientras estaba vivo, valoraba sus posesiones terrenales más que la relación con Dios, y al final perdió la oportunidad de ser salvo. (Ver Lucas 16:24). En el mundo, las personas dicen “Nunca es demasiado tarde”, pero una vez que estás en el infierno será demasiado tarde y no habrá una segunda oportunidad.

El Señor Jesús dejó la historia del hombre rico y Lázaro para que podamos entender que no podemos jugar con nuestra salvación. ¡No es negociable! Desafortunadamente, muchos son aquellos que han arriesgado su salvación al “acercarse al borde”. Eso es, coquetear con el pecado y ceder ante la tentación, entretener malos pensamientos, amistades tóxicas y permitir que sus emociones los controlen. El problema es que si seguimos acercándonos al borde, tarde o temprano perderemos el equilibrio y caeremos, y lo peor de todo, no habrá nadie que nos pueda rescatar.

Es por eso que la mejor manera de vivir nuestra vida es honrar a Dios diariamente al invertir en nuestra alma y salvando almas. Cuando estemos salvos, seremos un trofeo para Dios y no para el diablo, y además, tendremos el gran privilegio de pasar la eternidad en el seno de Abraham.

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