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Nov
2020
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“El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice el Señor de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?” (Malaquías 1:6)

¿Qué significa honrar a Dios con nuestra vida? Piense en como se sienten los padres cuando sus hijos logran un buen rendimiento en el colegio…Cuando es así, hay una deseo natural de honrarlos. Pero ¿qué sucede cuando los padres reciben una evaluación negativa? ¡Ese deseo inmediato de honrar a sus hijos se desvanece! Muchos hijos deshonran a sus padres, sin embargo si los honramos, tal y como está escrito, hay una promesa de larga vida. (Ver Efesios 6:3)

Lo mismo sucede con Dios. Nosotros honramos o deshonramos a Dios a través de nuestras acciones. Cuando pecamos, mentimos, le faltamos el respeto a las personas o a las autoridades, permitimos la piratería (Comprar o ver películas piratas…), vamos a lugares equivocados, estamos deshonrando a Dios y como consecuencia seremos deshonrados. No disfrutaremos de la vida que Dios le ha prometido a aquellos que Lo honran. Es por eso que nuestra vida es el resultado de nuestras acciones diarias. Por ejemplo, si un marido deshonra a su mujer, hasta sus oraciones serán interrumpidas tal y como lo indica la Palabra de Dios. (Ver 1 Pedro 3:7).

Es nuestra obligación llevar una vida que honre a Dios; como siervos, padres, hijos, esposas, maridos, etc. Debemos analizarnos todos los días y revisar si le agradamos u honramos. ¿De verdad le estamos dando lo mejor de nosotros mismos o lo estamos despreciando? Si le damos nuestra espalda a Él, ¿le estamos honrando o avergonzando?

Ser cristiano no significa que automáticamente estemos honrando a Dios. Lo que más honra a Dios es que Sus hijos tengan una vida alejada del pecado. O sea, incluso si las personas nos persiguen o nos tientan para que hagamos algo que está mal, no nos desviamos ni a la derecha ni a la izquierda, sino que elegimos vivir una vida de sacrificio diario porque siempre y cuando agrademos a Dios, nada más importa.

Recuerde, el hecho de que Jesús muriese en la cruz por nosotros no quiere decir que tengamos una entrada libre al pecado. Es cierto que somos salvos por la gracia pero solo aquellos que llevan una vida de acuerdo a Su Palabra serán salvos.

Estamos viviendo los últimos días y el fin está a la vuelta de la esquina. ¿Quiénes son los que estarán preparados para el arrebatamiento? Aquellos que honran a Dios con sus vidas y se alejan de los engaños de este mundo. Aunque no sea fácil, Dios ve nuestra intención cuando Lo honramos y, si seguimos perseverando a pesar de lo que sucede a nuestro alrededor, Él nos honrará tanto aquí en la Tierra como en el cielo, sobretodo.

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