7
Nov
2020
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“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.” (Mateo 24:32-33)

Estamos en un ensayo del fin de los días. Aunque no sepamos la hora justa del regreso de nuestro Señor Jesús, las señales son visibles y este periodo de turbulencia solo va a empeorar. Todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor es una preparación para lo que está por venir. La situación actual del COVID 19 parece dar un indicio de como serán, posiblemente, los últimos días. Son tiempos de miedo, ansiedad e inseguridad.

Desafortunadamente, así como en la época de Noé, muchos serán sorprendidos y serán llevados por la inundación. “Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca…” (Mateo 24:38). Hoy en día, la gente se casa y se divorcia fácilmente. El nivel de promiscuidad de esta generación sobrepasa el nivel de Sodoma y Gomorra y muchos se están dejando llevar por los placeres de este mundo. A penas le prestan atención o no toman en cuenta para nada el hecho de que este mundo está por llegar a su fin. Cuando se habla del arrebatamiento, la gente piensa que es una locura; el mundo puede tratar de rechazar el arrebatamiento, pero lo que no se puede negar es lo que Jesús dijo que sucedería y Su Palabra se cumplirá. (Ver Mateo 24:35)

For esta razón, no podemos quedarnos fuera del Arca, ni tampoco podemos permitir que caigamos en la trampa de la incredulidad porque todo lo que está sucediendo es como un entrenamiento que dará lugar al surgimiento del anticristo. (Ver Apocalipsis 13:16)

El anticristo vendrá con un discurso de paz y tomará el mando del mundo, esto incluye implementar la marca de la bestia. Es por eso que el diablo ya está creando estas situaciones para que aprendamos a adaptarnos y a aceptar las señales de la nueva normalidad.

Para aquellos que quieren estar con Jesús, ahora más que nunca, tenemos que estar alerta o seremos engañados. No podemos dejar que las circunstancias, tales como el confinamiento, destruya nuestra fe. Todo lo contrario, debemos acercarnos cada vez más a Dios incluso en el medio de una pandemia. Cuando conocemos la verdad y no la practicamos, el diablo encontrará la manera de destruirnos y no permaneceremos en pie durante mucho tiempo. Incluso los que están a nuestro lado no serán salvos si no toman la decisión de creer por sí mismos. Nuestras oraciones pueden ayudarles a huir de los desastres, pero cuando se trata de salvación, es individual. No podemos comprometerla, nada puede interferir en nuestra relación con Jesús.

Tenemos que ser como las 5 vírgenes prudentes que no compartieron el aceite. (Ver Mateo 25:1-3). De la misma manera, no podemos compartir nuestra salvación, ¡no es viable! En vez, debemos estar preparados y permanecer centrados. “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.” (Mateo 24:44)

Cada uno de nosotros debemos buscar la manera de actuar ya y eliminar cualquier cosa que interfiera en nuestra relación con Dios. Tenemos que vigilar cada hora y cada momento. Incluso antes de acostarnos, debemos revisar nuestra “temperatura espiritual” y analizar nuestro estado. Eso quiere decir que debemos estar preparados para cortar las ataduras con nuestro propio ser, pedir perdón, cortar la malicia, las malas compañías, los hábitos pecaminosos, rencores, etc.

Por esta razón, Jesús nos enseña que debemos deshacernos de lo que sea que nos haga pecar. (Ver Mateo 5:29) Si no somos radicales, caeremos y perderemos nuestra salvación. Seremos como las vírgenes insensatas que se quedaron atrás.

Este ensayo que estamos experimentando actualmente, pronto se convertirá en una realidad. Si no abrimos nuestros ojos y no tenemos en cuenta las señales, caeremos en las manos del diablo y consecuentemente, pagaremos el precio pesado de quedarnos atrás. Esto no es lo que nuestro Señor Jesús quiere para ninguno de nosotros. La pregunta es: ¿Tendrás oídos para oír?

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