13
Nov
2020
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“Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios…” (2 Timoteo 3:1-4)

El mundo está hecho un lío y estamos experimentando un caos. Lo que Pablo anunció es lo que está sucediendo hoy en día. Los tiempo difíciles han llegado. La irreverencia y la falta de temor de Dios está causando los desastres que estamos viviendo hoy. Cuanto más cerca estamos del regreso del Señor Jesús, más dificultades enfrentaremos. ¿Usted se ha dado cuenta de lo difícil que es hablarle de las buenas nuevas a la gente? Peor todavía es el hecho de que todos los días más personas le están dando la espalda a Dios.

Es por eso que debemos ser prudentes. No nos podemos distraer en un momento donde la falta de temor de Dios se está desvaneciendo tan rápidamente. Por ejemplo, incluso la manera que tratamos a las personas mayores es importante. Hoy en día, mucha gente los trata con desdén. Sin embargo, cuando tememos a Dios, los tratamos con el máximo respecto, tal y como nos instruye la Palabra de Dios. (Ver Levíticos 19:32)

Pero ¿Qué es exactamente el temor de Dios? “El temor del Señor es fuente de vida, para evadir los lazos de la muerte.” (Proverbios 14:27). En simples palabras, el temor de Dios no es tenerle miedo a Dios. Todo lo contrario, el temor de Dios es tener una sensación de respecto profundo por Él. Es entender que Dios está en todas partes, y porque sabemos que Él nos contempla en todo momento, nosotros lo honramos, especialmente cuando estamos a solas. Por esta razón, evitamos hacer cosa que nos alejan de Dios tales como, ver pornografía, mentir, engañar, traicionar, etc. También tenemos que reconocer que estamos en la presencia de Dios todos los días. ¡Él es omnipresente! Eso significa que incluso cuando las personas tratan de persuadirnos para que no nos involucremos en asuntos mundanos, nosotros nos negamos rotundamente, porque puede que nadie nos vea, pero Dios sí nos ve.

Cuando no tememos a Dios, fácilmente comenzamos a planear lo que es errado y es así como se desarrolla la iniquidad. Cuando existe iniquidad en nuestro interior, Dios no hace su obra en nuestra vida. Imagínese un corazón lleno de pensamientos negativos, ideas, malicia, etc. Sería imposible para Dios encontrar un espacio para trabajar en el interior de esa persona y es por eso que muchas vidas están atrofiadas. La falta de temor de Dios impide que la luz de Dios brille a través de nosotros.

Lo que más entristece a Dios es ver que los cristianos se dejan llevar por la iniquidad y acaban por deshonrarlo. Él ve que la gente toca sus diezmos, que miran a otros de manera lasciva, tienen malos ojos para las autoridades, la iglesia, etc. La manera en la que tratamos las cosas de Dios dice mucho sobre nosotros Tenemos que tener cuidado y esforzarnos para tratar las cosas de Dios con celo porque la verdad es que si sembramos semillas de deshonor, cosecharemos los frutos de deshonor.

Es por eso que tenemos que analizarnos, no solo por fuera, pero especialmente por dentro. Puede que no estemos cometiendo lo que denominamos “pecados grandes” tales como matar o robar pero lo que guardamos por dentro, es testimonio de lo que somos. (Ver 1 Samuel 16:7). Él nos ve desde dentro para fuera. Pregúntese a sí mismo: ¿Qué es lo que ha estado diciendo en su mente acerca de los demás? ¿Cuáles son las intenciones de su corazón? ¿Ha estado observando la dirección que viene de Dios o de los hombres? ¿Se ha estado esforzando por cortar pensamientos inicuos o los ha estado entreteniendo?

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