27
Nov
2020
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“Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham, y le dijo: ¡Abraham! Y él respondió: Heme aquí.” (Génesis 22:1)

Hay una palabra poderosa en hebreo que resume la frase “Heme aquí.” La palabra es Hineni. Es una manera de expresar una disposición total de entregarse, es ofrecerse a la disponibilidad total. En otras palabras, “que se haga tu voluntad”. Esta es una tendencia que muy pocos tienen, pero Dios encontró esta disposición e inclinación en Abraham.

Abraham no sabía lo que Dios quería. Simplemente se puso a su disposición, dejó Su propia voluntad y sus deseos de lado para hacer lo que Dios quería que hiciese. No sabía que estaba a punto de pasar por una prueba.

“Y Dios dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” (Génesis 22:2)

Esta es la razón por la que Dios nos dice con seguridad que miremos a Abraham. (Isaías 51:2) Su deseo de AGRADAR a Dios sobrepasaba su deseo de tener un hijo. Él puso al que bendice sobre todas las bendiciones.

Es cierto que muchos están dispuestos a sacrificar, pero son muy pocos los que están dispuestos a sacrificar lo que Dios les pide. ¡Así es! Tenemos que estar preparados a ir a donde Dios nos envíe y estar preparados a hacer Su voluntad incluso si contradice nuestra propia voluntad. El problema es que con el tiempo, muchos pierden ese corazón que anhela agradar a Dios. Permiten que los deseos de su carne sean un tropiezo para los planes de Dios en sus vidas. En simples palabras, su ego, el orgullo, la manera de ser, etc. Hasta permiten pensamientos inicuos para prevenir que la voluntad de Dios se haga en el interior de ellos y a través de ellos.

Cuando indagamos plenamente en la historia de Abraham, vemos que él nunca cuestionó a Dios, él vio a Dios en todo. Incluso cuando Dios le pidió que sacrificara a Isaac, simplemente obedeció sin haberle prometido nada a cambio. Si realmente queremos ver la grandeza de Dios en nuestra vida, así como lo hizo Abraham, tenemos que estar dispuestos a deshacernos de nuestro propio “Isaac”. Eso significa que tenemos que estar listos a perdonar, a quebrar el orgullo, a abandonar el pecado, deshacernos de cosas a las que nos aferramos de todo corazón, y estar preparados a decir “Sí” a Dios, independientemente de las circunstancias.

Piénselo…¿Cómo podemos recibir la gran recompensa, que es el Espíritu Santo, si no le entregamos TODA nuestra vida a Él? ¿Cómo puede Dios trabajar en nuestro interior y darnos Sus bendiciones si insistimos en hacer las cosas a nuestra manera? ¡Es imposible! Muchas veces el “Heme aquí” de muchos se limita a su propia voluntad y es por eso que sus vidas suelen estar estancadas.

Por esta razón, tenemos que preguntarnos si hemos estado diciendo “Heme aquí” de todo corazón o a regañadientes.

Cuando Dios vea sobre el Altar lo que vio en le Monte Moriah, no tendrá otra opción que manifestarse de manera grandiosa en nuestra vida.

Recuerde, nosotros decimos “Hineni” a Dios, no solo con palabras, pero confiando en Él, obedeciendo Su voz y haciendo Su voluntad. Esta es la fe de Abraham. ¿Cree que Dios vaya a encontrar dicha fe en usted?

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