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Dec
2020
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El Espíritu Santo es un don que Dios da, no puede ser comprado. Aunque no podemos comprar el Espíritu Santo, tenemos que pagar el precio para recibirlo porque el Espíritu Santo es la gran recompensa.

“Después de estas cosas la palabra del Señor vino a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram, yo soy un escudo para ti; tu recompensa será muy grande.” (Génesis 15:1)

Una recompensa es algo que se da en reconocimiento al servicio, esfuerzo y logro. El Espíritu Santo es la mayor recompensa que Dios puede dar. Va más allá de cualquier cosa que podamos recibir en este mundo. La pregunta que suele surgir a menudo es esta: “Por qué no he recibido esta recompensa de Dios?” ¡Es simple! Dios premia a aquellos que Lo honran; en otras palabras, Él da Su Espíritu a aquellos que pagan el precio.

En simples palabras, Él da Su Espíritu a quien esté dispuesto a negar su propia voluntad para que se haga la voluntad de Él. Si insistimos en hacer nuestra propia voluntad, es porque no nos hemos entregado totalmente a Él y todavía queremos enredarnos en las cosas que complacen nuestra carne tales como el sexo fuera del matrimonio, las mentiras, la promiscuidad, etc. La verdad es que hay tantos que todavía guardan rencor, resentimientos, dolor, etc. ¿Por qué? Porque el deseo de agradar la carne es mayor que el deseo de honrar a Dios y es ahí donde yace el problema.

Teniendo esto en cuenta, debemos analizarnos, y preguntar: ¿Qué esfuerzos he estado haciendo para ser recompensado? ¿He estado sacrificando? ¿He pagado el precio? O ¿He dejado que menguara el fuego que tenía una vez en mi interior? El Espíritu Santo es como un tesoro escondido que no puede ser encontrado fácilmente. No podemos verlo pero Él existe y es por eso que si no sacrificamos nunca Lo encontraremos.

“El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.” (Mateo 13:44)

Nuestro Señor Jesús usaba la parábola para dar ejemplos del hecho de que con Dios es TODO por TODO. El hombre no quería nada más que el campo, dio todo lo que tenía para encontrar este gran tesoro.

La realidad de la situación es que muchos no han entregado su todo; le dan a Dios lo que quieren y no lo que Él pide. Cuando venimos a Dios, tenemos que estar listos para enterrar nuestro propio ser. No podemos tener un pie en el mundo y otro con Dios… Estas dos mentalidades no pueden coexistir. Cuando tomamos la decisión de entregarnos totalmente a Él, Dios responde al manifestarse de gran manera en nuestra vida.

En verdad, Dios es justo, si Lo honramos, Él nos honrará y hará que seamos la bendición en Sí. Él nos premia por los sacrificios que hacemos diariamente. Él ve cuando nuestras intenciones son únicamente para glorificar Su nombre. Es por eso que el Espíritu Santo en nosotros es el honor de Dios en nuestro interior y Él busca a personas que estén dispuestas a mostrarle su fe para recibir la gran recompensa.

“Y sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es remunerador de los que le buscan.” (Hebreo 11:6)

Nuestro Dios es un galardonador y Sus ojos siempre están buscando a aquellos que puede bendecir. Sin embargo, Dios no premia ofrendas poco entusiastas…. ¡Es Todo o Nada! Por esta razón, debemos estar dispuestos a esforzarnos para recibir el mayor honor de todos: El Espíritu Santo. ¡Tener el Espíritu Santo no es una opción, es una necesidad! Es el combustible que nos capacita para seguir perseverando y en consecuencia, entrar al Reino de los Cielos.

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