13
Dec
2020
0

Todos están sedientos por algo; sedientos por casarse, tener una carrera, ejercer una profesión, por la tecnología del momento, etc. ¿Usted de qué está sediento? Son muchos los que dicen que quieren el Espíritu Santo con todas sus fuerzas pero sus actitudes indican lo contrario.

Mientras se está en la iglesia, es muy fácil decir que queremos a Dios. Sin embargo, cuando estamos afuera es cuando demostramos quién somos realmente y de lo que estamos sedientos. Piénselo y pregúntese a sí mismo: ¿Cómo me comporto cuando estoy con amigos? ¿Cómo me comporto en mi trabajo? ¿Cómo reacciono cuando me tientan? Nuestra sed por Dios se muestra a través de las actitudes diarias.

Es verdad, estas actitudes muestran lo determinados que estamos por agradar a Dios. Eso significa que incluso cuando los familiares tratan de influenciarnos para que nos desviemos de la presencia de Dios, permanecemos firmes. Cuando alguien nos ofende y le guardamos rencor, pero decidimos sacrificar y perdonar, cuando estamos preparados para cortar con esa relación que debilita nuestra fe no importa lo doloroso que sea. En simples palabras, es cuando estamos dispuestos a RENUNCIAR a nuestra propia voluntad.

Renunciar es una palabra que puede hacer una gran diferencia en nuestras vidas. Significa declarar formalmente el abandono de lago, sea un deseo, un derecho o una posesión. Eso significa que para recibir el Espíritu Santo y experimentar la gloria de Dios, tenemos que renunciar a nuestra vida pasada, ideas y aspiraciones y entregarnos totalmente a Él. ¿Por qué? Porque así como nuestro cuerpo no puede sobrevivir sin agua, nuestra alma no puede sobrevivir sin el Espíritu Santo. Nada en este mundo puede reemplazar el Espíritu Santo o saciar la sed que viene de lo más profundo de nuestro interior.

“Respondió Jesús y le dijo: Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna.” (Juan 4:13-14)

Es imposible volver a tener sed una vez que renunciamos a nuestros deseos para hacer la voluntad de Dios. Si elegimos seguir bebiendo de los “pozos” de este mundo, o sea, si no abandonamos nuestros hábitos pecaminosos, la mentalidad mundana, las mentiras, los placeres ilícitos y demás, nos quedaremos con la sensación de vacío. Estas cosas puede que nos dejen satisfechos de manera temporal, pero esa plenitud duradera siempre permanecerá inaprensible.

Por esta razón, tenemos que asumir nuestra fe y prepararnos a demostrar nuestra renuncia públicamente. ¿Seremos criticados, menospreciados y nos odiarán por nuestras decisiones? ¡Sí! Pero cuando llevamos una vida de sacrificio, como Abraham, tenemos la certeza absoluta de que Dios está con nosotros. De hecho, nada más importa más que nuestro deseo de agradarLe, recibir el Espíritu Santo y convertirnos en la fuente en sí. La vida que Dios ofrece está disponible para cada uno de nosotros, pero la pregunta es: ¿Usted está preparado a renunciar?

Leave a Reply