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Feb
2021
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Mientras vivamos en nuestro cuerpo físico, debemos luchar todos los días contra las tentaciones que vienen de lo que pensamos, decimos, escuchamos y sentimos. En otras palabras, de nuestro cerebro, boca, ojos, oídos y corazón. Estas son las 5 puertas de entrada del pecado y si podemos cerrar estas puertas, podremos superar la voluntad de la carne y consecuentemente ser salvos.

Es cierto que algunos días serán más difíciles que otros, pero Dios nunca dejará que una tentación, tribulación o un problema sea más de lo que usted pueda soportar. (Ver 1 Corintios 10:13). Cada uno de nosotros formamos parte del plan de Dios y Él tiene un propósito para cada uno de nosotros. Sin embargo, para que Su plan se manifieste en nuestra vida, debemos resistir los deseos de la carne diariamente.

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. (Lucas 9:23)

Jesús entendió la importancia de hacer esto porque Él mismo tuvo que resistir la tentación también. “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre.” (Mateo 4:1-2)

El diablo no vino en los primeros 5 días. Él vino después de 40 días cuando Jesús se sentía más débil, Su carne exclamaba por comida. Satanás aprovechó esa oportunidad para venir con sus sugerencias, pero Jesús no cayó en sus trampas… ¿por qué? Porque le respondió No a todas ellas (Ver Mateo 4:4,7,10). Decir NO es la medicina que se utiliza para combatir los deseos de la carne. Es doloroso pero es un remedio esencial que debemos utilizar diariamente en nuestra lucha contra el pecado.

En verdad, debemos reunir TODAS nuestras fuerzas para resistir los deseos de nuestra carne. Debemos esforzarnos hasta derramar sangre contra el pecado, (ver Hebreos 12:4) y ser firmes para decir NO al sexo antes del matrimonio, a las mentiras, a la pornografía, a las dudas, al mal de ojo, a la malicia, etc. No podemos relajarnos, o el diablo encontrará un hueco y lo usará para su ventaja.

El problema es que, a menudo, pensamos que tenemos tiempo y asumimos que Dios nos perdonará cada vez que pecamos. Y es cierto que Dios es misericordioso, pero ¿qué pasaría si no tenemos tiempo para arrepentirnos? ¿Qué sucedería si es demasiado tarde?

La realidad es que si no controlamos las ganas de pecar y permitimos que el deseo nos domine, nuestra alma se irán al infierno y no habrá marcha atrás. Por esta razón, debemos buscar a Dios todos los días y poner en práctica Sus enseñanzas porque Él no va a cargar nuestra cruz por nosotros, pero nos dará la fuerza necesaria par superar todos los desafíos.

¿Qué decisiones ha tomado usted últimamente? ¿Le ha dicho SI a Dios y No al pecado? ¿Ha resistido hasta el punto de derramar sangre?

Recuerde, si cada vez que nuestra carne nos empuje a pecar decimos que No, acabaremos por derrotar esta enfermedad espiritual llamada pecado.

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