16
Mar
2021
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Vivir en este mundo como cristiano es una batalla; es una guerra continua. El diablo siempre traerá tentaciones, y en un mundo lleno de injusticias e iniquidades, puede ser difícil mantenerse concentrado. Sin embargo, la Biblia nos deja ejemplos de hombres y mujeres de Dios que enfrentaron desafíos pero llegaron hasta el final. Uno de esos ejemplos fue Paul; enfrentó pruebas y tribulaciones extremadamente difíciles, pero mantuvo la fe. No permitió que los obstáculos se interpusieran en el camino de la difusión del evangelio.

En un completo contraste, hubo un hombre llamado Demas que comenzó su carrera con Paul pero no terminó. “Procura venir a verme pronto, pues Demas me ha abandonado, habiendo amado este mundo presente, y se ha ido a Tesalónica; Crescente se fue a Galacia”. (2 Timoteo 4: 9 – 10) Demas era un hombre de Dios pero no perseveró. Caminaba al lado de Pablo, haciendo la obra de Dios, pero desafortunadamente comenzó a amar el mundo y admirar su brillo. Comenzó a decir “sí” a lo que una vez dijo “no”; en pocas palabras, ya no quería sacrificar.

Muchos son los que comenzaron su camino de fe pero no llegaron al final. Permitieron que las circunstancias desviasen su atención y les hicieran perder el foco. El apóstol Pablo nos advierte que en los últimos tiempos muchos se apartarán de la fe y esto es exactamente lo que está sucediendo hoy. (Ver 1 Timoteo 4: 1) La verdad es que, con el tiempo, muchos se desaniman. Algunos permiten que los pensamientos negativos los influyan y, como consecuencia, comienzan a compararse con los incrédulos. Si no vigilamos todos los días, esto nos puede pasar y eso es exactamente lo que quiere el diablo. Lo que no podemos olvidar es que el mundo está lleno de engaños; es temporal y muy pronto todo se desvanecerá.

Entonces, ¿cómo podemos mantener nuestro enfoque? Cuando entendemos que no hay gozo sin Dios y la mejor manera de resolver nuestros problemas es recibiendo el Espíritu Santo. Aquellos que disfrutan de los placeres de este mundo finalmente perderán su alma; por eso no basta con comenzar, debemos esforzarnos por terminar nuestra carrera.

Mientras estemos con Dios, estaremos en el mejor y más seguro lugar en el que podríamos esperar estar. Sí, enfrentaremos pruebas y tribulaciones, pero cuando mantenemos nuestros ojos en la meta, superaremos todos los obstáculos. Más importante aún, cuando muramos, nuestras almas irán al cielo. Y al igual que Pablo, también podremos decir lo siguiente:

“He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe.” (2 Timoteo 4: 7).

¡Este es el testimonio más grande que jamás podemos lograr!

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