26
Apr
2021
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El rey Ezequías era un rey justo. Siguió el camino recto del rey David. Sin embargo, aunque era un hombre justo que estaba sirviendo a Dios con diligencia, se enfrentó a una situación terrible.

“En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías, hijo de Amoz, y le dijo: Así dice el Señor: «Pon tu casa en orden, porque morirás y no vivirás.” (Isaías 38:1).

Esto nos sirve de lección a cada uno de nosotros. Como cristianos, enfrentaremos dificultades, pruebas y tribulaciones. Pero cuando ocurren, ¿qué debemos hacer? ¿Quejarse? ¿Descuidar nuestra fe? ¿Dudas de nuestra integridad? Las personas a menudo piensan que les pasa algo porque están enfrentando problemas. Ezequías tenía una enfermedad incurable, pero nunca dudó de quién era ante Dios.

Muchos son los que están “en la fe” cuando todo va bien pero en cuanto reciben malas noticias dan la espalda a Dios y olvidan la parte de la oración que dice: “Hágase tu voluntad”. Si realmente estamos sirviendo a Dios, debemos confiar en que Él tiene el control. Cuando enfrentamos problemas, debemos tener cuidado de no volvernos injustos acusando a Dios y dudando de Su poder. En cambio, debemos tener la misma reacción que Ezequías. Se volvió a Dios en lugar de volverse contra Él y le recordó su justicia.

“Entonces Ezequías volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor, y dijo: Te ruego, oh Señor, que te acuerdes ahora de cómo yo he andado delante de ti en verdad y con corazón íntegro, y he hecho lo bueno ante tus ojos. Y Ezequías lloró amargamente.” (Isaías 38: 2-3).

Cuando nos enfrentamos a problemas, debemos tener cuidado con nuestras reacciones porque sin Dios no somos nada, pero sin nosotros, Él sigue siendo Dios. Por eso siempre tenemos que humillarnos ante Dios y confiar en Él. En momentos de adversidad, debemos tener cuidado de no volvernos injustos.

Dios nos permite atravesar ciertas batallas y tribulaciones para obrar en nuestro interior y avivar nuestra fe cuando ve que se está adormeciendo. Incluso habrá momentos en los que usemos nuestra fe y hagamos todo lo posible para obtener los resultados que queremos y, sin embargo, lograr lo contrario, tal como sucedió con el Rey David; oró por su hijo cuando se enfermó, pero aun así murió (ver 2 Samuel 12: 16-24). Debemos aprender de su reacción cuando su voluntad no se hizo y entender que la voluntad de Dios es suprema. El diablo siempre intentará engañarnos diciéndonos que Dios no está con nosotros cuando enfrentamos problemas; tenemos que estar atentos a sus tácticas.

Recuerde, vale la pena ser justos, especialmente cuando no vemos los resultados que queremos. Aquellos que son justos y sirven a Dios siempre estarán en la mejor posición. Incluso cuando no entendemos por qué suceden ciertas cosas, tenemos que “volvernos hacia la pared” y recordarle a Dios quiénes somos ante Él. Y en lugar de mirar siempre a nuestro alrededor cuando enfrentamos batallas, debemos elegir mirar dentro de nosotros mismos y verificar si todavía tenemos rencores, malos ojos, iniquidad, etc. Cuando somos así, Dios nos honrará de la misma manera que Él ha honrado a Ezequías y, nuestras oraciones siempre serán efectivas ante Él.

“Entonces la palabra del Señor vino a Isaías, diciendo: Ve y di a Ezequías: “Así dice el Señor, Dios de tu padre David: “He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; he aquí, añadiré quince años a tus días.” (Isaías 38:4-5).

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