30
Apr
2021
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Una de las mayores trampas que usa el diablo hoy en día, incluso entre los siervos de Dios, es la vanidad. La vanidad es el orgullo excesivo o la admiración por la propia apariencia o los logros. Esto está relacionado con el elogio de los hombres, los cumplidos, los muchos me gusta y seguidores en las redes sociales, la gloria de este mundo, la fama, el prestigio, etc. En pocas palabras, ¡todo lo que es terrenal y temporal! Sin darnos cuenta, podemos poner demasiado énfasis en estas cosas, olvidando que todos moriremos y las dejaremos atrás algún día.

La vanidad es una trampa que puede atrapar a cualquiera y, lamentablemente, son muchos los que están apegados a puestos y títulos en este mundo. Si no miramos, podemos caer fácilmente en esta trampa y convertirnos en un trofeo para el diablo. Satanás trató de usar esta trampa para atrapar incluso a nuestro Señor Jesús; le mostró la gloria de este mundo, pero Jesús resistió sus tácticas. Ahora imagina … Si usó esta trampa con Jesús, podemos estar seguros de que ciertamente intentará atraparnos con ella. (Ver Mateo 4: 8) Lamentablemente, muchos han estado cayendo en esto al igual que los fariseos.

“Sin embargo, muchos, aun de los gobernantes, creyeron en Él, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios ” (Juan 12:42 – 43).

Valoraron la gloria de los hombres más que la gloria celestial. Y la verdad es que los que buscan esta gloria están más preocupados por las opiniones de la gente que por lo que piensa Dios. Le dan valor a la palabra que proviene de las personas en lugar de la Palabra de Dios mismo. Sin embargo, mientras estemos apegados a la gloria de este mundo, nunca tendremos la gloria que viene de Dios. Esta gloria es el Espíritu Santo dentro de nosotros. Es por eso que muchos aún no lo tienen a Él; están apegados a las cosas del mundo. Esta es también la razón por la que muchos han estado perdiendo su salvación y dejando la presencia de Dios.

Siempre debemos recordar que fuimos creados para glorificar a Dios y no a nosotros mismos. Si nuestra intención es glorificarnos a nosotros mismos, entonces el diablo ya tiene la mira puesta en nosotros y tarde o temprano caeremos. Por eso, debemos estar alerta; cada uno de nosotros sabe lo que nos gusta y lo que hemos estado guardando por dentro. Pregúntese: “¿He estado buscando la gloria de Dios o la gloria de los hombres? ¿Estoy más preocupado con lo que piensa la gente que con mi salvación? “

Como cristianos, no podemos enfocarnos en este mundo, debemos enfocarnos en la gloria de la Nueva Jerusalén. Si su atención se ha desviado, entonces el momento de humillarse es ahora o de lo contrario se quedará atrás cuando Jesús regrese a por Su Iglesia.

“Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya.” (Juan 3:30).

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