29
Jun
2020
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Cómo obtener la victoria más grande y más gloriosa

Es verdad que los testimonios son la prueba de la veracidad de la Palabra de Dios. Y de la misma manera que los testimonios son de verdad, la Palabra de Dios y todo lo que está escrito en ella también es de verdad, incluyendo el cielo y el infierno.

Es por eso que la Palabra de Dios nos alienta a “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia.” (Ver Hebreos 12:1). El peso son los pensamientos que son contrarios a la fe, como los malos ojos, la malicia, las malas intenciones, las dudas, los miedos, nuestro pasado, rencores, etcétera. Y la realidad es que, esta es la razón por la que muchas veces no progresamos o vemos los resultados que queremos; el pecado nos mantiene cautivos.

El Espíritu Santo siempre nos incita a entregarnos a Él. Cuando le preguntamos con sinceridad, Él nos muestra las cosas de las que todavía tenemos que despojarnos, porque siempre y cuando nos aferremos a estos “pesos pesados”, nos retrasamos y no podremos terminar nuestro viaje de fe. Y peor aún, nuestra alma siempre estará en riesgo de perderse.

Por esta razón, es vital que resistamos y perseveremos todos los días. Aunque no sea fácil, en medio de la batalla, no nos podemos quejar ni murmurar ni permitir que caigamos en tentación. Por lo contrario, debemos correr con paciencia, confesar nuestra victoria y creer que Dios es un ‘galardonador de los que le buscan’. Como hemos aprendido, para soportar todo lo que el mundo y el diablo nos eche encima debemos fijar nuestra mirada en Jesús. Él es el Obispo de nuestra alma, el Único que persevera hasta el final en medio de todo el dolor y las dificultades. Y esto es lo que tenemos que hacer; este es el secreto para obtener y mantener nuestra salvación. Si, Él quiere que glorifiquemos Su nombre, pero más que eso, Él quiere que salvemos nuestra alma. Él es la palabra y, siempre y cuando mantengamos nuestra mente y pensamientos concentrados en Él, no habrá lugar para la derrota.

Cuando Dios ve que escuchamos, es cuando Él comienza a conducir nuestra vida y, es esta obediencia que nos da la audacia de ir y conquistar. No podemos dejar que el miedo nos impida actuar. Cuando hacemos que Dios sea nuestra guía y estamos dispuestos a sacrificar lo que Él nos pide, no habrá límites para lo que podemos lograr. De hecho, no perdemos, ganamos, como Gedeón. No solo hace que seamos Biblias en persona, Él nos utiliza para rescatar almas. Pero lo más importante, adquirimos la mayor y más gloriosa victoria de todas, que nuestros nombres sean escritos en el Libro de la Vida.

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