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Feb
2020
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¿Estamos todos salvos de gracia?

Una de las grandes ideas más equivocadas acerca de Dios es que su infinita misericordia y gracia nos permite ser libres para vivir la vida como lo creamos conveniente; Él es amor después de todo y al final nos perdonará. La verdad es que la gracia de Dios, que fue conquistada en la cruz, es de hecho el amor de Dios en acción, pero no es la vía libre para pecar que muchos piensan que es.

“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”(Romanos 6: 1-2)

Lo que se consideraba pecaminoso e incorrecto en el Antiguo Testamento sigue siéndolo hoy, incluso después del sacrificio de Jesús, porque Dios no cambió su carácter. Las cosas que no toleró entonces, no las tolera ahora.

Las personas que intentan aprovecharse de la gracia de Dios no tienen nada que ver con Él. En vez de eso, están totalmente desconectados de Él porque no pueden entender cuánto le costó al Señor Jesús el perdón de nuestros pecados. Malinterpretan el sacrificio de Jesús y hacen mal uso de la gracia de Dios con sus propios métodos como si fuera un permiso para pecar.

“Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (Juan 8:11)

La gracia es la oportunidad que Dios le da a cualquiera que, independientemente de su pasado, desee cambiar sus caminos e ir a por su salvación. Antes del sacrificio de Jesús en la cruz, el umbral para la salvación era extremadamente alto. Hoy, mediante la gracia de Dios, cualquiera puede tomar su propia cruz y dirigirse hacia el paraíso.

Para decirlo de manera más simple, podemos decir que, incluso si merecemos perecer y ser condenados por nuestros pecados, la gracia de Dios domina la condena y nos da la oportunidad de arrepentirnos y comenzar de nuevo. Para que eso suceda, debemos seguir los pasos de Jesús y continuar hasta el final, porque a pesar de que estemos salvos por gracia, si continuamos viviendo en pecado, la gracia no nos redimirá.

Recuerda, nuestra salvación nos es dada por gracia pero no es gratis. El precio a pagar es el mismo que Jesús pagó: el sacrificio. Cuando sacrificamos nuestra propia voluntad y deseos para obedecer la palabra de Dios, estamos caminando hacia la salvación, ¡un camino que se nos ha abierto por la gracia de Dios! A través de Él, somos limpiados de nuestros pecados, tras los cuales, no debemos volver a esos pecados porque nuestra limpieza fue pagada con la sangre que Jesús derramó en la cruz.

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