27
Feb
2020
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¿Qué tan importante es Él en tu vida?

Muchas personas que van a la iglesia a menudo tratan al Espíritu Santo como si fuera un postre que pueden rechazar después de haber comido un gran “plato principal”. Disfrutan del mensaje que se les está dando, las oraciones y las bendiciones, pero piensan que pueden abstenerse de la parte donde deben entregar sus vidas para recibir el Espíritu Santo. No entienden que sin el Espíritu Santo, nada más contribuirá a su salvación eterna.

El bautismo con el Espíritu Santo es imprescindible para cualquiera que desee salvar sus almas, pero muchos no han hecho que esta sea la prioridad en sus vidas.

“Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba.” (Juan 7:14)

Podemos ver en el versículo anterior que, durante una de las fiestas judías más grandes de la época, la Fiesta de los Tabernáculos, Jesús caminó durante algún tiempo entre los que estaban presentes en la fiesta. Pronto se fue para enseñar al templo. Fíjate que, a pesar de que se estaba celebrando una gran fiesta, todavía había personas en el templo que querían aprender, o de lo contrario Jesús no habría ido allí para enseñar. Estas personas eligieron estar en la casa de Dios para recibir su palabra y allí recibieron a Jesús mismo.

Los que estaban fuera del templo, festejando y preocupándose por las cosas de este mundo, no lo recibieron. Jesús no les habló, sino que se manifestó solo a aquellos que buscaban las cosas santas e inmaculadas.

Del mismo modo, solo aquellos que mantengan su enfoque en la Palabra de Dios y tengan sed de recibirlo serán bautizados con el Espíritu Santo. Aquellos que se distraen por el “ruido” del mundo y sus tentaciones no están en condiciones de recibirlo en sus vidas.

Esto se debe a que el Espíritu Santo es también el Espíritu de sacrificio. Aquellos que no sacrifican sus propias vidas no pueden recibirlo. Solo aquellos que sacrifican sus deseos para obedecer su voluntad pueden recibir su Espíritu.

El bautismo con el Espíritu Santo es el logro más importante de nuestras vidas. Él es quien nos da dirección, fuerza y protección, porque vive dentro de nosotros las 24 horas del día. Sin Él somos vulnerables y, lo que es peor, no tenemos garantía de nuestra salvación.

Jesús vino a dar vida eterna, pero solo unos cuantos hacen lo necesario para recibirlo. Solo unos cuantos ignoran las bendiciones y se centran en Aquel que bendice. Solo unos cuantos priorizan el mayor regalo que podemos recibir de Él, que es Él mismo.

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