14
Jun
2020
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Dios quiere entrar en nuestras vidas y cambiarnos de adentro para afuera. Sin embargo, hay muchos cristianos cuyas vidas no reflejan la gloria de Dios. ¿Será que Dios abandona a su gente? te preguntarás. La verdad es que Dios no nos abandona, ni tampoco se aleja de nosotros. Nosotros somos los que nos distanciamos de Él cuando no escuchamos Su voz. Por eso algunos hasta conquistan unas cuantas bendiciones pero no establecen un compromiso serio con el que bendice. Y cuando las migas de bendiciones se terminan, vuelven a comenzar desde cero. Dios siempre nos invita a vivir conforme a Su voluntad, pero la mayoría de las veces, somos tercos.

Y esto fue exactamente lo que sucedió en los tiempos de Gedeón. Las manos de los Madianitas prevalecieron contra los Israelitas por haber pecado ante Dios. Antes de esto, los hijos de Israel tuvieron paz durante 40 años hasta que volvieron a sus costumbres pecaminosas. (Lee Jueces capítulos 5 y 6). Esto muestra claramente que mientras obedezcamos, Dios cumple Sus promesas. Pero cuando volvemos a las prácticas equivocadas, damos espacio para que el enemigo maneje nuestras vidas.

La voluntad de Dios no es que seamos oprimidos. Él liberó a su pueblo un montón de veces en el pasado y quiere hacer lo mismo hoy en día. ¡Su palabra no cambia! Él quiere acabar con todo el sufrimiento y el dolor, pero que eso suceda tenemos que humillarnos y seguir Sus instrucciones. En resumen, cuando tenemos una vida basada en los principios y doctrinas erróneas, desobedeciendo a Dios y viviendo en pecado, limitamos a Dios. Incluso, tenemos que estar preparados para abandonar nuestras religiones, tradiciones y dejar de seguir al mundo y sus innumerables voces. Piénsalo… si seguimos al mundo, con certeza obtendremos el resultado que ofrece el mundo – falta de paz, tristeza, inseguridad, etc.

En cambio, si queremos ver un cambio en nuestras vidas, debemos estar listos para escuchar la voz de Dios, decir BASTA y tomar una decisión de  alejarnos de lo que nos aleja de Él. Al hacer esto, veremos Sus manos sobre nuestras vidas, lograremos la paz y la salvación y la gloria de la segunda fase será mayor que la primera.

¿Quién tendrá oídos para oír?

Obispo Alvaro Lima

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